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02/12/2008

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La mañana me vomita en nuestro colchón -último acceso libre de trincheras en esta batalla contra los azares.-

Las cosas toman extraños vericuetos… pero queda orden:

tu pijama bajo la almohada, tu ropa haciendo castells por la habitación, tu olor a recién hecha…

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Por primera vez en mucho tiempo estoy tranquilo. Ahora acierto a predecir los mecanismos de la ausencia y comprendo que los reproches son boomerangs. (Hay momentos en los que subo a los bordillos como a podios, το τουβλάκι σου, ya sabes.)

Y en cuanto oigo tus pasos bajar la escalera apresuro a pasear mis miedos por las riberas de las ventanas de este cuarto piso. Y sólo tengo que abrir la puerta de la cocina y la de la solana para que haya corriente y… ¡Plof!

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El movimiento se demuestra andando. -Marusa dixit.-

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Y si a veces, este nosotros, es una crónica para un buffet de cadavre exquis, τέλια! ( ¿Te acuerdas del viaje a Χανιά?)

Me atrae esa particularidad de “completar” a ciegas, sin saber… dejándonos llevar por nuestros impulsos interiores, de cierta complementación a niveles de subconsciencia.

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Aunque no pueda ser ahora… (Pero sin embargo lo es.)

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Porque este momento nos servirá para conjugar nuestro συνεχής μέλλοντας -θα αγαπάμε- (verás… aunque ya no seamos nosotros.)

Y eso es lo lindo: no la esperanza, la certidumbre.

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16

10/25/2007

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Escribir una Introducción al suicidio. Como si de dieciocho happenings en seis partes se tratara. Una inauguración. Autorreferencial.

Hilvanar dos coreografías dèmodé (por yuxtaposición cualquier galería de arte no es más que un desván) en un collage que tienda a la comedia.

Una comedia de crueldad mimética. Una Introducción al suicidio como sketch improvisado. Risas por y para el público. Siendo uno mismo (que es cualquiera) espectador.

Habrá que tener en cuenta la necesidad, inexcusable, de mecanizar cierta calidad emocional. La desesperación que tartamudea convencionalismos es sólo un préstamo. Un condicionamiento del hombre psicológico y social. Y como tal, por lo tanto, no nos resultará práctico, en el sentido de que la Introducción al suicidio debe ser, no como un modelo de naturalezas muertas, sino como una suerte de autosurrealismo (el de cualquiera). Es decir, ser, no ya la manzana comestible, sino las pipas de la del lienzo. (O el hígado, arterias, huesos de cualquiera de las madonnas de Rafael.)

Una Introducción al suicidio como una facultad de bellas artes. Sin preinscripciones ni período de matrícula. Una mofeta que haga culturismo con la lengua.

Como un olvido a doble espacio en Times New Roman (opcional). Sin chantajes ni estados de emergencia. Sin moralinas ni colapsos nerviosos. Que no se base en frustraciones de la conciencia. Sin apostar al ahora o nunca.

Tras este paso no habrá reconciliación posible. Sólo una pose nouveau cuyos créditos sean un catálogo de lencería para supermercados.

Pasar a ser una mezcla de comedor y puticlub. Un orfanato biológico con antropólogos plañideros. Un humanismo viviseccionado en un juzgado de primera instancia con un verso de Artaud:

Volverme a hacer…

 

15

10/03/2007

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Cierto que ciertos corazones

huelen a humedad.

Que la noche se desploma

al disolver la esfervescencia lunar en un vaso de agua Firgas.

Que unas alcayatas serían el mejor parking para estos taxis.

Que dar a luz factoriales de 99999

es entretenido pero no muy aconsejable.

Que hay gramófonos que sólo tienen conductores

para reproducir vinilos de Edith Piaf.

Que esta niebla necesita más mezcla para ser asible.

Que la astronomía no sabe de policía,

de policía secreta…

Pero yo,

Don Javier Santiago (sí, ese es mi nombre)

soy sólo un transeúnte tonto.

Tontolaba, tontoelculo…

¡Gilipollas! (aunque menos).

Y es por cosas como estas

que me pinto rayas de yodo en los brazos:

Vados permanentes…

13

07/16/2007

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Amores de segunda mano restringidos por la madrugada.

Desayunando sorbitos de muerte pequeña.

Emborrachándose de ganas posponibles.

Con biombos en la mirada

y amianto en el sueño.

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Almohadas abiertas en canal sangrando insomnios.

Multiplicando centros comerciales dermatológicos.

Deshabitando las orillas y los huecos.

Con la boca llena de pianos

y moñigos coleccionables en el duelo.

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¡Sí! La soledad es becaria del olvido

y los cementerios sólo jardines de muertos.

Por eso no llores aún…

A pesar de todo seguimos sin jardinero.

11

07/03/2007

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La biografía de una ausencia, a veces, es una rama de la psiquiatría:

sobre todo si recuerda a la onomatopéyica muerte de un portazo.

O a un hundir el tenedor en el corazón de pequeños ruiseñores:

¡Plash!

.

Candidatos a dos metros de cementerio sobran.

Muerdealmohadas del solipsismo también.

Parafraseando a Nietzsche:

Aún hay quien aspira a nacer póstumo.

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Pero mi felicidad solicitará plaza en un geriátrico:

Sabe que llegará a vieja.

10

06/27/2007

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En mis veranos caen manos recién cortadas de los manzanos.

Las escupitinas se acurrucan en las estafetas de correos

y con un nudo de venas se atan las piñatas en los cumpleaños.

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Hay nueve kilómetros cuadrados de olvido

enterrados en mil pulmones de ballena

y un simposio de golosinas los días pares.

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Tres kilos y medio de congresistas atraviesan desnudos las cocinas

buscando actrices de cabaret entre los cacharros.

La fórmula H2O NaCl reta con una pastilla de jabón

los índices de mendicidad en los peros…

-La soledad sólo es un recuerdo del futuro.-

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Y si hay cerdos que chapotean en su propia mierda

es porque aún no conocen la invención del matadero.

07

06/06/2007

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Enfrentarme al blog vacío… ¡Qué Bagdag en perspectiva!

Pero no me apetece ponerme a pelear con las palabras. Les he enseñado la bandera blanca de mi lasitud.

Por un tiempo, nada de:

“… eructar parábolas con la morfología de un miércoles cualquiera, domesticar rinocerontes que implesionen viejos veranos, diptongar fracasos en los epílogos de los sucios atardeceres de mi cráneo, alucinar liliputienses con leve olor a tabaco…”