Autoautopsia (III)

06/12/2007

La aorta es de tamaño y forma normal. La carótida es de tamaño y forma normal. No presentan obstrucciones. Las arterias iliacas están en condiciones normales también. Las arterias mesentéricas celíaca y renales son permeables con placas ateromatosas. La vena cava superior e inferior son normales.

Recaudé cansancios en el cortex de noches escalenas mientras jugaba por armónicos jardines de teclas. -Teclas que acabé por tragarme y ahora mis jugos gástricos aporrean este réquiem.- Ofrecí cavidades torácicas huecas para que fueran amuebladas con cadencia gíglica. Al final, un matriarcado de arpías las decoran. Almacenar fracasos como constantes neperianas se convirtió en mi lobotomización cotidiana. Pero ya no sé… en la patología del recuerdo el pensamiento se enmohece. Y ya nada se presenta especialmente importante. Sólo este reciclaje sentimental: Yo, arcada impresionista en busca de lienzo usado.

Mi corazón:

Un depósito de cadáveres.

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Autoautopsia (II)

06/11/2007

Se realiza incisión en T. Los órganos del tórax y del abdomen mantienen sus posiciones anatómicas normales. La cavidad pericárdica no contiene líquido. El pericardio muestra una superficie lisa y brillante, no hay adherencias pleuropericardíacas. Ambas cavidades pleurales no presentan líquido ni adhesiones. La cavidad abdominal no contiene líquido en su interior. Las superficies peritoneales son lisas y brillantes, el omento es normal, no hay adherencias peritonales.

Enraizado a padecimientos inservibles vagabundeé ajeno a mis recuerdos. Y, como todos, busqué en los vertederos del alma morder la felicidad matemáticamente -sin saber que morder por morder no es morder al cuadrado sino hincar el diente a desgana.-

¡Un arco iris para ciegos congénitos! Y aún así, me obstiné en atrezzar mis mentiras de verdad, en adelgazar al gordo que es el calendario en espera de lo que nunca llega. Almacené sonrisas envasadas al vacío, todos los sueños del mundo e incluso perseguí el anillo de Saturno para ceremoniarme con el tiempo. Devoré amores y en mi boca también engordaron las dos palabras que debieran tener carcelero. Pero al final mis labios se ajaron.

Mis labios:

Un cementerio de besos.

 

Y en el epitafio diario: Un pésame -creo que he adelgazado tras mi último suicidio.-

Autoautopsia (I)

06/11/2007

Si ya las mañanas son cadáveres que no veré, mi silencio será de insectos masticando muertos. ¿Qué otra cosa podría pensar en un momento como este? Además, estoy desnudo, hace frío y no consigo recordar cómo he llegado hasta aquí. No sé ni siquiera quién soy. Pero intuyo que soy algo así como la nietzscheava parte de un sueño que se agota… un sueño que va adquiriendo la anatomía de una lágrima… Pero en sueños no hay interruptores.

¡Click!

El cuerpo corresponde a un varón en buenas condiciones nutricionales y cuya apariencia es consistente con la edad cronológica de veinticinco años. Rasgos caucásicos. Sujeto de unos 180 centímetros aproximadamente, ojos color miel, pelo largo, castaño y liso. Del exámen preliminar exterior se aprecia que no hay marcas ni heridas indicativas de lesiones mortales. Hay excaso livor mortis en las zonas declives. La cabeza es de configuración normal, sin ictericia. La nariz y los pabellones auriculares no presentan exudado. El tórax presenta un diámetro antero posterior normal. Los genitales externos no presentan alteraciones…

Negro. Un vals de cuervos sin escándalos. Negro. El baile de mi lengua cuando hablo. Pero ya no me ejercito en mis tristezas. Y eso que no había desesperación que no estuviera atornillada a mi cerebro, puzzle embrión de un sonambulismo esquizofrénico. Pero nada queda. Sólo las desvencijadas sensaciones de demencia, hechas jirones a través -por culpa- de las rótulas cartesianas del olvido.

De profesión:

ingeniero de miserias.

 

Y si el día fue un polímero convexo, yo sembré en la noches mis ojos yertos -dos fosas comunes de cadáveres cupidianos.-