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07/05/2007

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Sin omitir lo narrativo y/o poético (abstracto, pop, dadá, clásico, realista…) que ampara el desahogo, el arte es un ventrilocuismo en todas sus facetas. El artista se convida a empalmar su brazo, a entregarse a la sodomización pictórica, escrita, musicada… del píloro artístico. Y en una suerte de ortigamiento expiatorio mendiga orgasmos a la palabra, al obturador o al pentagrama en Sol menor…

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