A. Artaud

06/02/2007

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¿Cómo se impugna a un hombre hasta arrugarlo?

Hasta gastarle el líquido sinovial de sus articulaciones mentales. Refunfuñarle un mañana de bulevares y cafeterías aunque sus titilaciones estén recién planchadas y use su hojilla sólo para afeitar planos de sí mismo.

-¡Ah, pues claro que puede usted pensar y escribir lo que guste!… Pero hay ciertas cosas que deben de ser pensadas y escritas en el manicomio.-

¡Oh mi Admunsen de bañeras! ¿Hasta qué tonalidad de sangre iremos juntos?

El grosor de un tobillo bien pudiera ser una pensión para los infinitos pliegues musculares del recelo.

Tú, que desistías de arquitrabar la esencia del hombre con la masa corporal, defecaste cavidades de vigilia y singladuras de abecedaria fatiga al coagular el pulso que va tropezando en la mentira patagónica del ser.

Y gráficos cóncavos de renuncia vertidos por/hacia el vientre.

…De seguir convirtiéndome en este hechizado eterno…

La tonalidad de sangre irá hasta el negro.

Como así fue.

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