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05/31/2007

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La verdad debe ser quirúrgica…

Crear, si es necesario, oficinas de anestesia espinal:

¡Tetracaína, tetracaína, tetracaína!

.

¿Qué son los pequeños dolores que se sindican en los tarros de azúcar,

en la manera de derramar un hasta luego,

en los pasapurés que sollozan cebollas hasta exprimir su llanto,

en el fondo de los ceniceros repletos de ecos de labios húmedos

que buscan por los rincones turbias voces de aguja?

¿Qué son sino perfil de alcobas calladas,

hechas añicos por un giro inesperado de huéspedes ilesos,

esqueletos de nubes congeladas en 35mm.,

papel de aluminio envolviendo pupilas rellenas de esparto?

¿Qué son si diapositivamos su acción para proyectarla

con interminables alaridos en la clarividencia matemática?

.

Si obviamos su función…

no habrá verdad ni cirugía:

sólo la tutela de la noche recién degollada.

.

La noche que se disfraza de café para abrazar la electricidad estática de las cucharas,

que anega los bolígrafos para dar besos de tinta al papel.

La noche…

que se relinga sobre las teclas para ser pulsada,

para inventariar el laberinto de articulaciones que se agolpan en la cintura del amanecer.

.

La verdad debe ser aséptica…

Moribunda de piaras de hienas en sus páramos,

sin tiendas de ortopedia,

sin droguerías ni bancos.

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